Entre estas paredes
Cuando sientes que es tu sitio es que lo es
Mi casa es vieja, cruje, entra el aire silbando haciendo volar los papeles que se acumulan una y otra vez por todas las estancias
Está en un barrio obero donde mis abuelos trabajadon (mi abuela a escondidas porque mi abuelo quería que se quedara en casa) y donde todos los que quedan aún aquí tuvieron que salir adelante, trabajar hasta la extenuación y también revindicar una vida más digna que la que les tocó en los años sesenta después de una niñez del hambre.
Mis abuelos se fueron hace décadas de esta casa, pero yo me críe aquí cuando mis padres aún no tenían para una propia y mi madre trabajaba en dos sitios a la vez con la ilusión de tener algo nuestro. Aquí aprendí a andar, mojaba las patatas fritas en coca cola, mi padre empezó a aficionarse a la fotografía y mi madre se reencontraba con la gente de su pasado en este barrio.
Lo cierto es que regresé un corto periodo en la universidad porque tenía clases hasta muy tarde y me sentía insegura conduciendo de noche, sobre todo, cuando era invierno o cuando hacía mal tiempo, algo que aquí es habitual. Empecé una carrera que no terminé y con ello terminé mi estancia en esta casa.
Sobre 2017-2018 (siempre me bailan los años) fue cuando nos reencontramos tras pasar por demasiadas casas sin alma donde había cambiado para bien y para mal
Cuando la abrí estaba vacía, maltratada, sucia…los antiguos inquilinos se llevaron hasta las bombillas por lo que tuve que bajar de madrugada a comprar unas velas en un supermercado de barrio que estaba a punto de cerrar. Aún con todo sentía mi pertinencia enseguida, la casa me habló y me dio la bienvenida exhausta de los últimos años que había sufrido.
A día de hoy sé que estas paredes están impregnadas de capítulos de mi vida de todas las tonalidades desde el negro azabache hasta colores brillantes como el sol, han vivido primeras y últimas veces, han sentido enfado, tristeza, alegría y dolores físicos y del alma.
Por todo esto me da igual que se oiga el viento como hoy donde silba sin cesar, que en verano no pueda bajar una persiana que se hincha por el calor y que se resiste a ser arreglada o que tenga agujeros y cicatrices de vidas pasadas.
Es mi hogar, que no mi casa.


Había guardado tu post para lectura de “Cuando la mente breakea”. Me transportó a tu hogar. 🏠🤍🙌
Soy creyente de que muchas casas tienen alma, y algunas quedan muy abrazadas a nuestro corazón ✨️